Día del Ingeniero Agrónomo Peruano

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Artículo/ Dr. Dennys Silva Valdiviezo/ Docente de la Facultad de Agronomía

El Día del Ingeniero Agrónomo, se celebra en Perú cada 30 de junio, en homenaje a los profesionales que trabajan en el campo junto al agricultor y logran producir los alimentos, que de manera diaria llegan a nuestros platos, y que además, hacen del suelo agrícola su objeto de investigaciones para obtener mayores y mejores cosechas, convirtiéndose muchas veces en médicos para curar tanto al sustrato como al cultivo, en beneficio de las familias peruanas.

La institucionalización de esta fecha por parte del Congreso de la República se hizo mediante Proyecto de Ley N° 3621/2018-CR, del 9 de noviembre 2018, a solicitud del Decano Departamental, CIP Ayacucho, con Oficio N° 363-2018, del 18-10-2018, el cual contiene la Memoria del Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos del Perú, realizado el 29 y 30 de ese mes.

Si bien los fundamentos en los que se sustenta la institucionalización del día del ingeniero agrónomo son atendibles y meritorios, creemos que son insuficientes toda vez que como persona humana su acción trasciende el aspecto material, para alcanzar una dimensión casi divina al lograr sintonizar la vibración de la tierra en armonía con el sentimiento y necesidades alimentarias de la población.

Este nuevo enfoque del ingeniero agrónomo requiere, para empezar, la reevaluación de su conducta tridimensional: individuo-ambiente-sociedad; ello en la intención de comprender qué misión tiene como ciudadano, qué puede hacer como profesional, y de qué manera puede aportar al desarrollo de la sociedad de la cual forma parte y a la que rendirá cuentas de manera inexorable por su desempeño personal y profesional, más aun hoy en nuestro país, cuando a pesar de la pandemia, estamos verificando en todos los sectores productivos  una inversión de valores sin paralelo, en un afán desmedido del individuo por tener en vez de ser, sin importar el costo moral o sobre los recursos naturales.

El ingeniero agrónomo debe tener siempre presente que si bien el avance tecnológico divide a las sociedades en desarrolladas y en vías de desarrollo y aunque la tecnociencia permite mejores formas de producción para el bienestar de todos, no por eso deja de ser una forma de incrementar el patrimonio de aquellos que la poseen. En este contexto, reviste vital importancia revisar los axiomas de trabajo cotidiano del Ing. agrónomo y a mantener una mayor y mejor relación con los agricultores como personas, como ciudadanos. Lo que lleva a considerar con mucho mayor cuidado la introducción de nuevas técnicas y equipos que elevan los costos de producción y aumentan los riesgos de producción, particularmente de los pequeños agricultores.

El ingeniero agrónomo durante la pandemia que azota hoy a la humanidad, debe entenderla no solo como una amenaza; por el contrario, debe aceptarla como una gran oportunidad para cambiar las estructuras mentales, sociales, económicas, interpersonales y profesionales. Es el momento en que el ingeniero agrónomo, como persona y profesionista, empiece a pensar en plural, dejar el “YO” y pasar al “NOSOTROS”, renunciar al “yo tengo más que tú, y sé más”, por el “nosotros tenemos, sabemos y juntos podemos más”. Sin duda, ello implica un gran salto cualitativo que requiere ser asumido como un compromiso libre y voluntario, pues de no ser así, no habrá ley que logre coronar con éxito este propósito.

El agrónomo debe recordar siempre, como dice Sahin, que el amor por los seres humanos que se encuentra en el corazón de la práctica de una profesión y manteniendo todas las personas en armonía es realmente necesario para resolver muchos de los problemas que se tratan en el mundo actual.

Desde un enfoque ético-filosófico, el nuevo modelo de ingeniero agrónomo que nuestro país necesita, requiere la conjunción biunívoca y perfecta de saberes y competencias, de teoría y práctica, de valores y sentimientos, de dignidad y respeto por las personas, a efecto de priorizar el bien común por el interés personal; asumiendo un nuevo pacto social, es decir, un compromiso solidario que conduzca hacia una sociedad más justa y con responsabilidad social, donde desarrolle sus labores profesionales con estricto cumplimiento del marco legal vigente.   

En este sentido, el ingeniero agrónomo debe ser honesto en las relaciones interpersonales con sus jefes, con sus asesorados, con las autoridades, pero no solo con declaraciones líricas, sino con acciones que generen confianza y credibilidad. Ello implica asumir el compromiso invariable e inmarcesible de mantener sus promesas y cumplirlas, ya sea de tipo personal, legal o profesional, no evadir una responsabilidad y adjudicársela a otro para justificar su incumplimiento.

El ingeniero agrónomo debe ser leal y sincero en su quehacer personal y profesional, buscando en todo momento evitar la coacción de terceros para beneficiarlos. Sin duda alguna, esto requiere de una actuación imparcial, justa y no discriminadora, pero con capacidad para reconocer errores y poder enmendarlos si fuere el caso.

De igual modo, el ingeniero agrónomo debe ser competente, diligente en el cumplimiento de sus servicios, toda vez que no solo trata con los recursos naturales, sino también con personas que piensan, sienten, dialogan, que pueden discrepar de sus opiniones y, no por ello, irrespetarlos; hacer esto contribuiría a cerrar puertas que conduzcan a entendimientos y acuerdos. Aceptar a los otros como son, entender que no es dueño de la verdad, sumado a su capacidad profesional, serán atributos que conducirán a este profesional por el camino de la excelencia hasta convertirse en un ejemplo, en un modelo de honestidad, responsabilidad, eficiencia y eficacia, pues hace de la moral y la ética sus valores fundamentales.

El nuevo ingeniero agrónomo debe internalizar el concepto de “agronomismo”, tomando conciencia de su significado que se consolidará cuando los agrónomos tomemos real conocimiento de su esencia, de sus bondades y de su importancia en el desarrollo de la persona, de la finca, del ecosistema y de la sociedad, desarrollando una agricultura racional y sustentable, capaz de lograr la seguridad alimentaria de la humanidad, como producto de sus conocimientos y técnicas transformadores, más no como un regalo de la naturaleza. Ello contribuirá a generar en el agrónomo el sentido de pertenencia, de sentimiento y compromiso con el agro y, sobre todo, con la comunidad, a quienes preserva y defiende con integridad, lealtad, transparencia, responsabilidad y, sobre todo, con la convicción de que forma parte de este este gran ecosistema llamado Tierra.

Lograr este nuevo modelo de ingeniero agrónomo parecería una utopía, un sueño, una quimera; pero si esta propuesta la asumimos con decisión, perseverancia y coraje, entonces se volverá una realidad construida por el hombre para la sociedad. Entonces podremos decir ¡FELIZ DÍA, INGENIERO AGRÓNOMO PERUANO!